4 jul. 2017

Tu Cumpleaños

Hoy quería felicitarte. Digo, es tu cumpleaños, así que obviamente hace falta la celebración, las tediosas frases de siempre y que seguramente sabes de memoria porque desde que inicia el día recibes mensajes y llamadas empleándolas. Aún así, me uniría a la causa y sería de los primeros en hacer fila para abrazarte, y sabes que abrazar es algo que no hago seguido.

En verdad quería ir a felicitarte, pero me detiene el no saber dónde encontrarte. Si aún me quedaran vestigios del intento de poeta que alguna vez creí ser, diría que te he buscado en las estrellas y la luna, en el ocaso y en el amanecer, en mis sueños y en mis ilusiones. Pero poeta o no, sigo sin saber dónde te encuentras, y eso complica un poco las cosas para mis intenciones. Las menciono en plural, porque obviamente no sólo quiero felicitarte. Nos debemos tantas palabras y otras cosas, que simplemente no podría estar tranquilo con sólo desearte un feliz cumpleaños. Y me gusta pensar que tú también tienes algo de curiosidad respecto a todas esas páginas que imaginábamos escribir y que quedaron vacías por tu partida. Eso me duele, aunque suene egoísta.

Supongo que ya lo sabes, pero este día es especial. Claro, lo es porque se celebra tu natalicio, y eso de verdad que lo festejaría con cientos de banquetes y bebidas al por mayor. Pero en esta ocasión, específicamente hoy, hay un poco más de especial.

Lamento robar un poco del protagonismo que el día te confiere, pero es necesario. El día es especial porque hace poco más de un año tomé la decisión de que sería especial. No estoy seguro si hubieses estado de acuerdo, aunque siempre me secundaste en mis decisiones, igual que yo secundaba las tuyas. Cuántas veces nos tragamos el amargo sabor de descubrir que elegíamos un camino donde no coincidíamos realmente. Recuerdo específicamente una ocasión, aquel día en que cada uno decidía estar con alguien más. Tal vez, si en esos momentos hubiésemos sabido que igual regresaríamos a encontrarnos, no habría sido tan amarga la temporada, pero supongo que podría llamarse "prueba" a ese tipo de decisiones.

En fin, no era eso de lo que estaba hablando. Te decía acerca de lo especial que es este día. No sé a dónde dirigirme para felicitarte, y por eso me atrevo a dirigir la mirada hacia el infinito. Las creencias populares y ortodoxas me sugieren que no debería mirar al cielo buscándote, pero si no lo hago es por otro motivo. No sé si estás en el cielo o en algún otro sitio, pero sé que estás en mi mente, y es por ello que cierro los ojos para verte, así como lo hice en otras ocasiones, cuando aún estabas aquí. Y en efecto, te veo.

Aún sonríes, aunque ya no tienes tu mirada de cansancio. Y tu sonrisa es más sincera y natural. Te despediste dos veces, lo recuerdo. La primera vez no lo creí, y la segunda vez lo quise creer más que nada. Sea como sea, ahora que no estás, me gusta pensar que sonríes más, mucho más de lo que me permitiste escuchar, y que fue bastante.

No sé dónde estás, no sé dónde reposan tus restos, y a a lo largo de este año me acostumbré a creer que es mejor así. Por eso me atreví a hacer esto, porque necesito un cierre para esta historia; no porque quiera olvidarte (de cualquier manera, no lo haré), sino porque es justo dejarte descansar en paz, y qué mejor fecha que tu cumpleaños. Mi regalo es ese, dejarte ir allá donde te esperan tus seres queridos, donde sé que reirás mucho más de lo que imaginaste, donde el pasado no significa nada, ahí donde serás libre de todo, como siempre quisiste. Ya no necesitarás huir, porque ahí será tu hogar, ahí encontrarás a tu familia, a la que siempre extrañabas y con la que añorabas volver a estar. No habrá más corazones rotos, ni dragones ni castillos que te mantengan cautiva, ni embrujos que te debiliten e hipnoticen, y tampoco necesitarás de caballeros y hechizos para rescatarte y mantenerte a salvo. Al fin irás a donde estarás tranquila y serás feliz, tal como deseaste.

Te ofrezco disculpas por haberte atado a mi memoria, no era mi intención retenerte así, y menos durante todo este tiempo, pero necesitaba hacerlo, necesitaba un epílogo para esta historia. Hoy escribo lo último, y me despido de ti, no para olvidarte, sino para seguir adelante. Ambos. Como prometimos.

Resguardo nuestras pláticas, durante las noches y durante los días. Las promesas no podrán cumplirse, pero las intenciones perdurarán. Los sueños no se habrán consumado, pero el saber que pudimos hacerlo basta para volver a sonreír.

Nunca dudes de mis palabras, fueron sinceras. Tu importancia en mi vida no será olvidada. Tal vez algún día nos encontremos. Hasta entonces, Isabella Blythe Rodríguez.

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