28 may. 2013

Sigo Despierto

Las 10 de la noche. Esa es la hora que me había propuesto para dormir, ya que al día siguiente debía madrugar para una reunión del trabajo. Y si, a las 10 de la noche estaba ya en cama, pero 3 horas después, aquí sigo, sin poder cerrar los ojos por más de 3 segundos seguidos, y la necesidad de madrugar también continúa.

No termino de explicarme cómo es que me sucede esto, el molesto insomnio. Estaba agotado desde la tarde, somnoliento de la mañana, y evité la cafeína todo el día, precisamente porque sabía que mañana (o más bien, hoy) es necesario despertarme antes de que el reloj marque las 5 horas. No obstante, sigo despierto, pensando.

Cientos de cosas pasan por mi mente, desde nimiedades como la mala combinación de ropa que usé hoy, pasando por las deudas inexistentes que tengo pero que se harán presentes al final del mes, e incluso la salud actual de la mitad de mi familia. Irónico, no les hablo desde hace años, pero aquí estoy, preguntándome si necesitarán nuevas medicinas mis tíos o si alguno de mis abuelos requerirá ser internado por el avance de sus enfermedades. Son las personas más sanas que conozco, pero no dejo de preguntarme si seguirán así.

También pienso en el trabajo. Sé que he hecho bien las cosas, que he terminado mis reportes a tiempo y sin errores. Lo sé porque los revisé 4 veces antes de pasarlos al gerente. Pero aquí estoy, mortificándome porque no recuerdo haber mencionado correctamente al "doctor" en ese documento, ese que no puede ser conocido por su nombre o acciones, sino por sus títulos.

Tal vez no pueda dormir porque sé que dejé pendiente una transacción importante. Pero yo no llevo esos asuntos, ni cuenta bancaria tengo, asi que no es posible.

Puede ser que el pensar en ella me quite el sueño. No obstante, estoy consciente de que nunca estaremos juntos, no desde su decisión que nos distanciara y le diera una nueva vida hace más de 10 años. Ni siquiera siento molestia al respecto, ya no. En aquel tiempo mantuve rencor, pero seguí mi vida, igual que ella hizo con la suya.

Otra opción es que esos estudios médicos que me hicieron hace unos días y cuyos resultados conoceré mañana estén intentando tomar espacio en mis pensamientos. Siempre fui una persona sana, pero las jaquecas y calambres cada vez más constantes me obligaron a ir con el médico. Sé que estoy bien, y casi podría asegurar que mis malestares se deben a la falta de sueño, así que tampoco es algo que me preocupe.

El reloj marca que hace unos minutos eran las 4 de la mañana. Mi despertador debe sonar en menos de dos horas, y yo sigo aquí sin poder dormir, perdido entre los motivos posibles de mi insomnio. Ninguno de ellos parece ser suficiente, no me convencen para ser capaces de arrancarme las delicias del descanso y el sueño, y menos por tantas noches. He perdido la cuenta de esas noches, son demasiadas. Pero en cada una de ellas hago lo mismo, un recuento de las amenazas a mi somnolencia, y nunca me parecen suficientes, nunca serían capaces de dejarme sin dormir. Y no obstante, sigo sin dormir, y ya está sonando la primer alarma de mi despertador.

No puedo dormir porque no dejo de preguntarme qué es lo que no me deja dormir.

27 may. 2013

Su Guardián

Soy su guardián, aunque no lo sabe. Desde el primer momento en que la vi, he cuidado cada uno de sus pasos, he estado al pendiente de cada una de sus acciones, y he procurado que esté tranquila, contenta, feliz…

Fue una sensación a primera vista. Hay quienes creen que me “enamoré”, pero esto va más allá. Si, es hermosa, y todos saben de su inteligencia envidiable y su carisma tan peculiar que agrada a quien la conoce. Basta dialogar con ella unos segundos para sentir la suavidad de su voz  y la fuerza que en ella habita. Y sentir cómo su piel roza una fracción de la propia es algo indescriptible y con la que ni la más suave tela del mundo podría compararse. Es la perfección hecha mujer. Por ello la cuido.

Cada que sale a esas peligrosas calles que inevitablemente debemos transitar, siempre voy tras sus pasos y a una distancia prudente, no por esconderme de ella, sino para evitar que sospechen aquellos que quieran dañarla. Seguramente tomarían medidas distintas si supieran que estoy ahí protegiéndola, y no me gustaría perder el elemento sorpresa que tan útil resulta.

Desde que la conocí en la escuela he estado cercano a ella. Fue complicado que nuestros horarios coincidieran, especialmente porque no teníamos las mismas clases. Tuve que faltar a varias con tal de asegurarme que ella podría estar bien en las suyas, o al menos así fue hasta que decidí dejar por completo los estudios. No podía perder tiempo en ello si quería estar al pendiente de ella.

Cada minuto de sus actividades diarias las tengo contempladas en mi agenda, sé a qué hora come, a qué hora va al gimnasio, a qué horas y qué días sale con sus amigas… y también con sus “amigos”. No puedo decir que siento celos al verla con otros hombres, ya que sé que no tengo derecho a celarla. No es mi posesión, no es mi pareja, ni siquiera podría decirse que somos amigos. Simplemente me mantengo alerta cuando está con alguno de ellos. Es algo normal. Yo soy su guardián, ella es mi protegida.

Además, soy el único que conoce todo de ella. Sé qué le gustaría recibir de regalo para su cumpleaños, sé a dónde le gustaría viajar, qué le gustaría comer, las películas que adora, la música que la deleita y con la que prefiere bailar, los movimientos que realiza en esas danzas, la ropa que tiene y que le gustaría tener, lo que la entristece y lo que le causa carcajadas inmediatas. Incluso sé cuáles son sus sueños y deseos más íntimos, conozco y he practicado la manera en que le gustaría ser complacida en todo aspecto. El precio fueron algunas noches a la intemperie y sin dormir mientras miraba su ventana, pero sé que valieron la pena y que ese conocimiento que ahora tengo nadie más lo tendrá.

En más de una ocasión la he ayudado sin que se dé cuenta, y es así como prefiero realizar mi labor. Por su belleza y la fragilidad que aparenta, es obvio que muchos de los ladrones comunes la consideren un objetivo. Las clases de autodefensa que tomó hace unos meses bien podrían ayudarle a defenderse sola, pero ¿de qué le sirve un guardián si no es capaz de defenderla? Recuerdo la ocasión en que la seguía por la noche, y entonces un tipo se dirigió a ella, con la intención de asaltarla y tal vez de hacerle daño. Obviamente que no lo podía permitir, en especial siendo su guardián. Lo intercepté antes de que acortará la distancia lo suficiente y lo estrellé contra la pared. La sorpresa que le causé fue mi mejor arma, además de las nudilleras que se encajaron en sus costillas repetidas veces. Recuerdo que ella sólo apresuró el paso, temerosa del ruido a sus espaldas y el motivo. La comprendí sin problemas, y dejé que siguiera su camino sin hablarle, como siempre. Sabía que no sería la última vez que debería hacer similar. Ella nunca se enteró de lo que sucedió en esa y otras ocasiones. Si lo supiera, seguro me llamaría “mi héroe” por haberla salvado, lo cual no me gustaría que hiciera.

Y es que en realidad, ella ha sido quien me ha salvado. Antes de conocerla, yo no tenía un objetivo en esta vida, carecía de motivaciones. Pero al verla todo cambió, y al comenzar a seguirla y conocerla, mi ser se transformó. Había encontrado una hermosa motivación, una que ocupaba mis pensamientos y tiempo. Cada palabra suya, cada actividad que realiza, todo en ella me cautiva.

He pensado en decirle lo que hago y que es mi fascinación, pero siempre hay una duda que me detiene: ¿Qué haría si lo supiera? No hay muchas opciones como respuesta, y los riesgos son muy elevados. Tal vez se sorprenda y note el romanticismo que hay en lo que hago, en ser su guardián, y entonces me bese como no ha besado a ninguno de sus amigos, como si sellará nuestro destino de estar juntos por siempre y ser felices… o tal vez sea como las demás y crea que soy un psicópata obsesionado y enfermizo.

2 may. 2013

El Pistolero Más Rápido

Llegó al pueblo por la tarde y encontró sus calles vacías. Los lugareños habían escuchado rumores de que estaba cerca, así que decidieron ocultarse en sus casas. Su reputación precedía a ese hombre conocido como El Rayo, el arma más rápida que jamás hubiese rondado aquellas tierras. Se decía que podía desenfundar y vaciar su revólver incluso antes de que sus oponentes tuvieran oportunidad de rozar sus armas. Una leyenda que fue confirmada por decenas de testigos.
Así, parecía que El Rayo podría pasar sin problemas por el pueblo, pero un hombre le hizo frente en la plaza. Le decían El Caracol, y bastaba verlo desenfundar su arma para saber el porqué de su apodo.
El reto entre El Rayo y El Caracol fue comprendido y aceptado al instante. Ambos contrincantes se miraron a lo lejos por unos segundos y entonces se acercaron hasta que los acostumbrados 10 metros de distancia los separara.
Dio inicio el duelo. El Rayo desenfundó su revólver con una velocidad increíble mientras colocaba su dedo en el gatillo para luego presionarlo, recargar y presionarlo de nuevo, repitiendo así hasta que las seis balas que tenía fueron lanzadas hacia su oponente. A la par, El Caracol desenfundó. Eso fue todo lo que pudo hacer.
Seis impactos quedaron marcados en la puerta de una casa, la que se encontraba a espaldas de El Caracol. Éste, mientras miraba de reojo, apuntó su arma contra el pecho de El Rayo, quien rápido y firme colocaba nuevamente seis balas en su revólver para una segunda ronda de disparos, la cual nunca ocurrió. Un solo disparo más se escuchó esa tarde en el pueblo, y provenía del arma de El Caracol.
El funeral se realizó en completo silencio. No asistió nadie por motivo del difunto, sino del acontecimiento. El Caracol se encargó de escribir el epitafio de El Rayo, y nadie tuvo objeción al leerlo: Fue el pistolero más rápido del oeste, pero el de peor puntería.