23 feb. 2013

Cenizas Quedan

Me dicen que debería intentar algo con ella. Y lo dicen como si fuera lo más sencillo del planeta. Me han visto a su lado un par de ocasiones, ni siquiera saben cómo es nuestra relación, pero insisten en que ella bien podría ser mi compañera de vida, al menos temporalmente. No sé cómo explicarles que no puede ser así.
Es verdad que su belleza es cautivadora, que su mirada inocente tiene el efecto inmediato de hacer sonreír o dejar embelesado a quien la vea. Es verdad que su cabello se mueve con el viento a un ritmo tan alegre que pareciera ralentizar el tiempo cuando las caricias del aire la rodean y enmarcan ante la visión de los demás. Es verdad, su sonrisa tímida parece coquetear a quien la dirige, aunque sea de manera involuntaria. No puedo negar ninguna de esas afirmaciones, todas son verídicas. Y no obstante, no puedo estar con ella.
Alguien se atrevió a decirme alguna vez que dejara mi inseguridad a un lado, que era obvio el interés de ella hacia mí. No supe si reír o enojarme con esa persona. Si tan sólo supiera que la inseguridad no tiene cabida en mi persona, y que por ende, no es el motivo de que no pueda haber nada mas que una amistad entre ella y yo. Y ni siquiera estoy seguro de que merezca una amistad.
Hemos salido juntos algunas ocasiones. Desde el inicio hubo cierta “chispa” entre nosotros, de esas que los cursis llamarían “única en la vida”. Congeniamos bastante bien, y aunque diferíamos en muchos de nuestros gustos, coincidimos en algunos detalles. Supongo que esos fueron los decisivos, los detalles en nuestra historia. Aunque no sé si pueda decirse que tenemos una historia, y no lo sé porque me encargué de sabotearla casi desde que nos conocimos.
Me dicen que lo intente de nuevo. Lo dicen seriamente, jugando, de manera directa e indirecta. Me lo dicen a cada momento. Lo dicen tanto que estuve cerca de creérmelo. Poco me faltó para ir a donde ella y pedirle perdón por lo que hice, dispuesto a rogarle por una segunda oportunidad para tratar de revivir el cariño que nos tuvimos, prometiéndole poco menos que el paraíso terrenal… casi sucedió. No obstante, aquí sigo, mirando el ocaso a través de esta ventana mientras termino de sorber el café que preparé hace unas horas. Todo un cliché de la nostalgia.
Miro los restos que quedaron en la taza, esos trocitos de café que no lograron disolverse y que ahora reposan en el fondo de su contenedor. Así es mi relación con ella.  Restos que reposan en el fondo de…. no sé de qué,pero son restos, cenizas de las llamas que en alguna ocasión nos cubrieron y mantuvieron juntos, y que yo me encargué de apagar.
Me dicen que lo intente, pero no puedo, no debo. Fui yo quien la traicionó, quien la dejó. Fue ella quien me perdonó y siguió a mi lado. Intentar avivar un fuego donde sólo cenizas quedan es imposible para mí. Cometí un error, uno enorme, y ahora debo atenerme a las consecuencias. Seguiremos conviviendo como buenos amigos, aunque ni eso merezca luego de traicionarla. Yo la veré ir de la mano con alguien más, y no me quedará más opción que resignarme, tragar mi coraje y mi orgullo, y decir para mis adentros “No la mereces. Tal vez hace tiempo sí, pero te encargaste de arruinarlo. Ella merece ser feliz, pero ya no a tu lado”.
Me dicen que seríamos una linda pareja, que debería esforzarme por conquistarla. No conocen la historia completa. No saben que entre nosotros sólo cenizas quedan, y que el más ligero viento podría hacerlas volar.