17 oct. 2011

Otra Vez

Ya eran las 5 de la tarde y Bernardo aún no sabía nada de Magdalena. Ella lo había citado en la cafetería del edificio "de moda", ese del que todos hablaban. La voz quebrada de la llamada le hacía suponer las peores cosas, así que había acudido cuanto antes al lugar. En cuanto levantó la mirada de su reloj, luego de consultar por sexta ocasión la hora, notó que se acercaba una silueta femenina hacia él. La reconoció de inmediato.
- Déjame adivinar…
Ese par de palabras que Bernardo pronunció bastaron para que su amiga dejará de contener su sufrimiento y comenzará a llorar. Pero era verdad, el rostro de Magdalena permitía eso, adivinar lo que había sucedido.
- ¡Ay Bernardo! No sé qué hacer. Lo encontré con otra.
- Con otra… otra vez- era la tercera vez que el novio de Magdalena le era infiel desde que iniciaran su relación-. ¿Ahora cómo fue?
- Lo dices como si…
- ¿Como si fuera algo constante? Pues lo es, Magdalena. A ese tipo ya le gustó eso de serte infiel.
- No le digas así. Es mi novio, tiene un nombre.
- Y también muchos adjetivos- dijo entre dientes Bernardo-. Bueno, ¿me vas a contar qué pasó?
La historia era predecible para Bernardo. De hecho, esta vez se asemejaba mucho al primer relato de su amiga: ella tenía un viaje de trabajo que se canceló de último momento, y al regresar su departamento, se encontró con los planes del susodicho novio, es decir, que durante la ausencia de Magdalena, había decidido salir y acostarse con una exnovia, la cual, en palabras de él, "sólo era una amiga que veía ocasionalmente para platicar". Una historia que Bernardo llevaba mucho tiempo escuchando, no sólo por parte de Magdalena.
Como solía suceder, el sólo comentarlo con alguien ajeno a la situación había significado un gran desahogo para ella. Ya más tranquila, comenzó a recordar las vivencias con su novio. Bernardo escuchó paciente, conteniendo las palabras que quería decirle desde la primera vez que supo de las infidelidades del novio de su amiga. Sin embargo, sabía que era necesario que ella misma se diera cuenta de las cosas y de que su novio nunca cambiaría, por muchas esperanzas que tuviera o por esfuerzos que realizará. El tipo era un patán de formación.
Recordó que el principal argumento de Magdalena para no dejar a su novio era la historia de cómo se conocieron. A parecer de Bernardo, uno de los máximos ejemplos de la sumisión en cuestión de declaraciones amorosas, a pesar de que su amiga prefería llamarle "espontaneidad". En resumen, el tipo la vio, se acercó a ella, le dijo que era muy guapa, y luego de algunos minutos de plática, la presentó a sus amigos como su novia. Y a partir de ese momento inició la condena. Ella comenzó a acostumbrarse a que le consideraran la novia de aquel patán, pues le parecía que todo ese asunto era un gesto romántico, un ejemplo de la decisión y seguridad que tenía su ahora novio. Bernardo no dejaba de pensar que había sido más bien una demostración del machismo de aquel "hombre" y, muy a su pesar, de la sumisión de su amiga.
Desde ese acontecimiento habían pasado poco más de seis meses, de los cuales fueron "muy lindos y especiales" los primeros tres. Posteriormente vino la primer infidelidad hacia Magdalena, la cual fue perdonada luego de media hora de ruegos y excusas. La segunda infidelidad había tenido lugar a los dos meses, y aunque el coraje de Magdalena había perdurado poco más de una semana, bastaron una serenata con dos canciones de arrepentimiento y un ramo de flores para que, en palabras de ella, la llama de su relación volviese a encenderse, e incluso con mayor ahínco, pasión y amor que antes. Esto, para Bernardo, sólo significaba que su amiga había tenido mucho sexo de reconciliación.
Y ahora estaba en una cafetería, sentado frente a ella, mirando el dolor que desprendían los ojos de su amiga, escuchando el temblor de su voz, la pena que a penas y podía contener en su relato. No pudo aguantar más.
- Mira, ese tipo es un patán. No te merece.
Magdalena quedó anonadada por unos instantes ante el tono que su amigo había empleado. Nunca lo había escuchado enojado, y menos dirigiéndose a ella. Siempre había sido muy tranquilo. Tal vez por ello le tenía la confianza para contarle lo que pasaba en su relación.
- Pe… pero… es que lo amo.
- No Magdalena, no lo amas. Sólo estás acostumbrada a él. Puedo que no sean años los que se requieran para amar, ni que sean los que lleves a su lado, pero definitivamente no lo amas. Te acostumbraste a él, a su compañía, su voz, su mirada, su tacto. Estás ensimismada por lo que consideras que fue una "muestra de su decisión" cuando se te declaró. Bueno, cuando te hizo su novia, más bien. Y ahí comenzó el problema. Tal vez en un inicio no le diste importancia, pero después lo consideraste algo normal, y al poco tiempo ya era una verdad para ti. Eras su novia, no porque así lo decidieran o porque te convenciera , sino porque actuó como si así fuera.
Bernardo hizo una breve pausa, como si quisiera que su amiga digiriese lo que acababa de decir. Miró en sus ojos y notó cierto destello de lo que consideró "cordura". Al parecer, sí estaban surtiendo efecto sus comentarios. Esperaba que así fuera y que, de una vez por todas, Magdalena se olvidará de ese parásito que sólo le estaba causando penas.
- Sé que no es fácil escuchar este tipo de cosas, y mucho menos aceptarlas, pero créeme, es la verdad. Así como te lo digo yo te lo pueden decir las personas que te quieren y te conocen desde antes que anduvieras con ese tipo. Antes eras una persona diferente, tenías una alegría constante y una sonrisa que fascinaba. Pero ahora, toda esa alegría que emitías la cambiaste por dolor y penas, y lo peor de todo, es que son causadas por ese que dices amar, pero que no te ama.
Golpe bajo. Aunque Magdalena ya esperaba frases así, el impacto que le causó el oírlo no podría haberlo prevenido. A penas y pudo contenerse en su asiento. Quería decir que no era verdad, pero algo en su interior le detuvo.
- Así es Magdalena, él no te ama y nunca te amo. Si quieres pruebas, basta mencionar sus infidelidades. Para ser sincero, yo no perdonaría la primer infidelidad, y por ende no habría más. Sin embargo, tú sí le perdonaste su traición, ¿y cómo te pagó? siendo infiel una segunda ocasión, de la cual salió tan arrepentido que decidiste darle una segunda oportunidad en su segunda oportunidad. ¿Y ahora qué pasará? ¿Le darás otra oportunidad más? ¿Otra oportunidad para traicionarte y causarte más daño?
- No- titubeó para articular su respuesta-. Ya no quiero sufrir con ese tipo de cosas.
Bernardo suspiró con alivio.
- ¿Entonces qué harás?
- Le llamaré y le diré que ya todo acabó. Que no volverá a pasar.
- Magdalena, no sabes el gusto que me da escucharte decir eso. Al fin ves las cosas como son y no como te dicen que son.
Ambos sonrieron mientras se miraban.
Fue entonces que Bernardo miró su reloj. Ya casi eran las 6 de la tarde y debía atender una cita en su oficina. Se disculpó con Magdalena por la crudeza de sus palabras y por tener que despedirse tan pronto. Prometió llamarle para que salieran a tomar otro café, le dio un beso en la mejilla y se alejó mientras llamaba al mesero para pagar la cuenta.
Así. Bernardo se dirigió a continuar su trabajo, pensando en cómo Magdalena volvería a ser como la conocía, tan radiante y llena de alegría. Ella, mientras tanto, se quedó en la mesa sonriendo, contemplando la ventana mientras se repetía las palabras que le había dicho a Bernardo: "Le llamaré y le diré que todo se acabó". Sacó su teléfono celular de la bolsa que llevaba y buscó el número del que aún era su novio. Marcó y esperó a que le contestara. En cuanto escuchó su voz, sintió punzadas en el estómago y comenzó a decir: "Todo se acabó. Todo mi coraje y dolor se acabó. Te perdono amor. ¿Nos veremos por la noche?"



FINAL ALTERNATIVO

Ambos sonrieron mientras se miraban.
Fue entonces que Bernardo miró su reloj. Ya casi eran las 6 de la tarde y debía atender una cita en su oficina. Se disculpó con Magdalena por la crudeza de sus palabras y por tener que despedirse tan pronto. Prometió llamarle para que salieran a tomar otro café y celebrar así el comienzo de su nueva vida. Le dio un beso en la mejilla y se alejó mientras llamaba al mesero para pagar la cuenta.
Así fue como Bernardo se dirigió a continuar su trabajo, pensando en Magdalena. Finalmente dejaría a aquel imbécil. Había sido bastante difícil preparar tantas infidelidades hacia Magdalena, en especial con la misma mujer, pero alguien que necesita dinero siempre es fácil de convencer. Bernardo sabía de la situación precaria que vivía la exnovia de aquel tipo, así que no había sido complicado convencerla. Lamentablemente, no contaba con la persistencia de Magdalena y su ahora exnovio, así que tuvo que repetir la operación un par de veces. Pero "la tercera es la vencida", como dicen por ahí, y ahora tenía el campo libre para conquistar a su amiga.
Mientras tanto, en la mesa de aquella cafetería, Magdalena seguía sonriendo, contemplando la ventana mientras se repetía las palabras que le había dicho a Bernardo: "Le llamaré y le diré que todo se acabó". Sacó su teléfono celular de la bolsa que llevaba mientras pensaba lo que diría el mensaje de texto que pensaba mandar, pero entonces decidió que ese mensaje se lo haría llegar de manera más efectiva. Se levantó de su asiento sin dejar de mirar la ventana.
Bernardo y Magdalena salieron al mismo tiempo del edificio. Él por la puerta principal, ella por la ventana del décimo piso.

8 comentarios:

Akuma No Mi dijo...
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Akuma No Mi dijo...

Me gusta el final que dejaste, es crudo, pero realista (conozco a un par de "Magdalenas"). En el segundo, Bernardo queda como una alimaña más en la vida de Magdalena y ya es demasiado, tampoco queremos que sea la "buena" de una telenovela nacional o.O.

Akuma No Mi dijo...

Esta madre me trollea D=, primero hace como que no se publicó mi comentario, vuelvo a hacer otro y aparecen ambos ¬¬'. Ah, por cierto, tienes unos cuantos errores =*

Kaiser dijo...

Yo también conozco varias. Una, de hecho, se llama así. Respecto al segundo final, me justifico diciendo que los finales "felices" no son algo que se me facilite escribir. Tal sea fatalismo, o bien, mi percepción de que, si algo produce felicidad, no debería tener fin.
De los errores, no lo dudo, pero mi correctora de estilo no ha hecho acto de presencia.

Oyuki dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Oyuki dijo...

Que historia!! es cierto q es cruel sobre todo por el final del segundo, pero a veces y lo reconozco solemos actuar asi perdonando cosas q no deberian de ser; infidelidades, mentiras, no deberian de suceder. Y tampoco destruirnos a nosotros por culpa de otros, ja es mas facil decirlo que hacerlo.

Kaiser dijo...

Yeo, suena sencillo, pero no lo es. Alguna vez, divagando al respecto junto con otras personas, decía que no soy adepto de las segundas oportunidades, y curiosamente, unos meses después me vi ofreciendo una segunda oportunidad ante una situación que, en mis estándares originales, no habría concedido nunca.
Supongo que depende del sentimiento hacia la persona, pero también creo que ese sentimiento nunca debe confundirse con costumbre, o ahí sí habrá problemas serios.

Kay dijo...

WOW. Increíble el final alternativo.