30 dic. 2010

Líneas Paralelas

- Ya sabes por qué te cité aquí, ¿cierto?
La mirada de Gerald sorprendió a Lois. Nunca antes había tenido esa sensación de escalofrío con él. Ahí, frente a frente en la mesa, parecía estar lidiando con un extraño en vez de con su novio, amante, o cualquier definición que quedase adecuada para su extraña relación.
Si la llamada a medianoche no había sido suficientemente desconcertante, el cuadro se completaba al haberla citado esa tarde en el restaurant italiano que solían frecuentar al iniciar su noviazgo, sin mencionar más. Algo raro había en el comportamiento de Gerald que erizaba la piel de Lois.
- No, no lo sé. Anoche ni siquiera me dejaste…
- Terminar de hablar. Lo sé- Gerald se inclinó un poco hacia el frente, como si fuese a contarle un secreto-. Es que no quería preocuparte a esas horas.
-Es broma, ¿verdad?- Lois ahora comenzaba a tomar una actitud más inquisitiva- Con eso me preocupaste mucho más. ¿Qué sucede, Gerald? ¿Por qué tanto misterio?
- No es misterio… Más bien… –Gerald posó sus codos sobre la mesa y juntó sus manos, como si estuviese a punto de hacer una plegaria religiosa- No sé de manera sutil alguna para decir esto, así que lo diré directamente. Lois… debemos terminar esta relación… Ya no me siento como al inicio, feliz por la novedad de conocerte, o ansioso por volver a escuchar tu voz, ya no encuentro satisfacción contigo en ningún sentido. Carajo, ya ni siquiera en el sexo…
Lois ya esperaba lo peor desde el momento en que Gerald había posado los codos en la mesa. No era algo propio de su comportamiento. En cuanto escuchó la frase “Debemos terminar esta relación”, su corazón pareció detenerse bruscamente, sus manos comenzaron a temblar discretamente pero con intensidad, sus ojos se inundaron de lágrimas y su garganta pareció cerrarse.
- ¿Qué?- a penas alcanzó a pronunciar el monosílabo sin atisbo de vacilación.
- Lo que escuchaste. Quiero que dejemos de vernos definitivamente. Así será más fácil enfrentar esta situación. Seamos sinceros Lois, llevamos meses jugando a ser amantes sin ser totalmente amigos. ¡Ni siquiera podemos definir el tipo de relación que tenemos! Por eso quiero terminar con ello y alejarme de ti cuanto antes, para evitar una monotonía mayor de la que ya nos ha estancado.
- ¿Terminar? ¿Así de simple?- la voz entrecortada de Lois pareció retumbar en todo el lugar, logrando incluso que algunos comensales dirigieran discretamente su mirada hacia la mesa de la pareja- Luego de estos meses, ¿simplemente será así?
- ¿Y de qué otra manera? ¿Querías un poema acaso?
La ira comenzó a invadir el corazón de Lois ante el tono sarcástico y distante que Gerald había utilizado. No podía creer lo indiferente que se comportaba ante lo que, para ella al menos, era la relación de mayor importancia en su vida. Esos meses juntos, de compartir sus deseos y siempre estar al pendiente uno del otro, los paseos interminables, las cálidas noches compartiendo la cama, las pláticas acerca de nada, los jugueteos a toda hora del día, las preocupaciones y problemas superados, todo aquello que había sentido como una experiencia única, en ese momento sólo le causaba dolor.
Sin embargo, Gerald no parecía estar tan afectado. Contrario a Lois, su semblante no mostraba alteración alguna, salvo una pequeña mueca en su rostro que parecía transmitir hastío. Aún con las manos juntas y sobre la mesa, miró a Lois, que ya se alistaba para retirarse.
- ¿Lo ves? Esa impulsividad tuya… una de las tantas cosas que me hicieron pensar en terminar lo nuestro. No puedo vivir con tus traumas, ni con tus excesos, ni con tus impulsos, ni contigo, no más. Mucho tiempo perdí a tu lado soportándote y no quie…
- ¿Mis excesos e impulsos? ¿Esos que me convirtieron en tu tentación?- la voz de Lois ya no sonaba entrecortada, sino iracunda y mucho más elevada de lo que Gerald hubiese querido- Hace tiempo exaltabas esas cualidades, y ahora las ves como defectos. ¿Acaso ya no soy deseable para ti? ¿o simplemente “suficiente”?
- Lois, escúchame un instan…
- Te escuché desde que te conocí, ¡incondicionalmente te escuché! Lo hice creyendo que en ti había encontrado al hombre que podría hacerme feliz, ese príncipe que desde niña soñaba tener. Me entregué en cuerpo y alma a ti y tus deseos, estuve al pendiente de ti cuando nadie más lo estuvo, aunque eras un fracasado en aquel entonces… Bueno, lo sigues siendo hoy en día. Pero no es eso lo que me duele con esta “decisión” tuya…
Gerald miraba de reojo y con cierto nerviosismo a su alrededor. No tenía planeada una escena como la que se estaba efectuando. No debía ser así.
- Lo que me duele, Gerald, es que siempre creí que el sentimiento era mutuo. Me engañaste muy bien. Todo este tiempo viví en la fantasía de que eras el hombre perfecto, que mi sentimiento era recíproco, que estarías conmigo de la misma manera en que yo estuve contigo… pero no. Resulta ser que eres igual o peor que los demás. Entraste a mi vida como nadie antes, me enamoraste, creaste paraísos terrenales donde estaríamos siempre juntos… y ahora quieres terminar con todo, ¡así sin más! ¡como si de un juego se tratara! ¡Pues será en lo último que te daré gusto Gerald!
Lois tomó su bolso y abrigo al tiempo de se levantaba de la silla. Gerald intentó detenerla, pero un golpe de ella en su mejilla izquierda frustró su acción, logrando que perdiera el equilibrio y cayera al a suelo. La mujer lo miraba con un odio de magnitud solo comparable al amor que le había tenido en los meses pasados, intentando contener un nuevo ataque, costándole la capacidad de respirar normalmente. Inhalaciones entrecortadas y delirantes eran el único sonido que Lois podía emitir en esos momentos, por lo que dejó los insultos para otra ocasión.
- Cuídate mucho Gerald.
- Tú también Lois.
- No, no es despedida, es advertencia. Cuídate mucho, porque sabes de lo que soy capaz cuando alguien me daña, y tú, maldito desgraciado hijo de puta, me has hecho de los peores daños que pude imaginar.
Tras completar su última amenaza, Lois salió del restaurant rápidamente y aún con problemas al respirar. En tanto, Gerald seguía en el piso, mirando atónito la puerta por donde había salido la mujer que tanto amaba. Aún aturdido, se levantó y pidió disculpas a los ahí presentes, mientras se dirigía al sanitario.

El baño de hombres parecía estar vacío cuando Gerald entró. Sin embargo, oculto tras una de las puertas estaba esperándolo Raskul, quien miró de pies a cabeza a su compañero.
- ¿Y bien? ¿Fue como estaba planeado?
- No del todo- sin mirar a Raskul, Gerald se dirigió al lavamanos y escupió-. Pero el resultado es lo que importa, ¿o no?
- No vengas de nuevo con reclamos infantiles, Gerald. Bien pudiste conservarla mientras cumplías tus deudas.
- Raskul- Gerald abrió la llave del agua y, mientras enjuagaba sus manos, miró por el espejo al hombre que esperaba a sus espaldas-, no hables de ella como si fuera un objeto, por favor.
- Acabas de terminar con ella de una manera… digamos ridícula y extremista, para no sonar ofensivos, ¿y me haces esa petición?
- Sí. De mi di lo que gustes, pero de ella no hables mal.
- Todo un caballero como siempre. Entonces, ¿por qué todo este show? ¿Por qué no terminar las cosas tranquilamente y evitarle tal sufrimiento y coraje a Lois? ¿No dices quererla mucho?
Gerald giró la cabeza para mirar a Raskul. Conforme hablaba, avanzaba hacia él hasta quedar a sólo dos pasos de separación.
- Porque la quiero mucho es que hice esto. La conozco muy bien. Siempre tuve la sensación de ello, y con el paso del tiempo me di cuenta de que esa sensación no sólo era correcta, sino también recíproca. Casi desde que nos conocimos pude saber cómo era realmente, y sé que ella también sabe como soy.
- Si lo que querías era explicarme tus motivos, no lo estás logrando.
- Mira, Lois y yo somos como almas gemelas. Tenemos gustos casi idénticos, compartimos los mismos sueños…
- Son la pareja perfecta- Gerald asintió con resignación y un esbozo de sonrisa-. Y entonces ¿por qué dañarla de esa manera? ¿Para qué hacerle creer que eres un desgraciado?
- Porque no podía ser de otra manera- de nuevo se dirigió al lavamanos y se apoyo en el borde, mirando fijamente su reflejo-. Si le contaba la verdad, habría querido seguir a mi lado, y lo peor es que yo no se lo hubiese impedido, porque también querría estar con ella. Si quería protegerla de lo que viene, tenía que distanciarla y mantenerla lejos de mí pero a salvo.
-Y eso lo logras…
-Haciendo que me odie- no fue bien disimulada la sorpresa que tal frase produjo en Raskul-. De esa manera, sé que estará a salvo y seguiré sabiendo de ella, porque va a querer vengarse por el rompimiento. Seguramente en un par de días estará saboteando mi correo, hará destrozos en mi departamento… pero eso será mínimo para mí, porque seguiré sabiendo de ella sin preocuparme porque la relacionen conmigo, al menos en una buena manera. Si alguna conexión encuentran entre nosotros, será de rencor, y eso evitará que la usen en contra mía o como rehén.
- Estás loco Gerald. ¿No era más fácil pedirle que fingiese eso?
- No. No podría fingirlo. Nos queremos demasiado como para fingirnos odio. Debía ser espontáneo, convincente. De lo contrario, en cuestión de días irían tras ella para sacarle información, o peor aún.
- Pudiste haberla traído. Nosotros la protege…
- No del todo, y además, la involucraría demasiado. El objetivo es que seamos la menor cantidad posible de personas, ¿o no es eso lo que me dijeron?
Raskul lo miró de nuevo, sopesando sus palabras ante el hombre que estaba a escasas horas de ser su compañero.
- Líneas paralelas- un instante de silencio dio suspenso a la frase de Gerald-. Nuestra relación era como las líneas paralelas. Somos iguales, vamos en la misma dirección, y podríamos estar muy cerca uno del otro… pero nunca se cruzarían nuestros caminos en realidad. No estamos destinados a ello, sino a seguir cada quien un sendero diferente.
- Bueno, finalmente es tu relación, tu alma gemela, y por ende, tu decisión. Si quieres hacer así las cosas, no tengo problema alguno, pero debes afrontar las consecuencias, porque si esa mujer es la mitad de como la describes, entonces acabas de cometer el peor error de tu vida- Gerald miró a Raskul y luego bajó la mirada, consciente de la apuesta que había hecho-. Vámonos, que se hace tarde y los demás en el restaurant no te mirarán muy bien que digamos. Ah, y sécate la cara, no te enjuagaste bien.
- No me lavé la cara.
Raskull abrió la puerta del sanitario y, sin mirar atrás, respondió secamente.
- Entonces aprende a controlar tus lágrimas como lo haces con tus expresiones.

Kaiser – 30/12/10